Almas en pena ...




Embriagados adolescentes, caminan entre tumbas del oscuro cementerio coronguino, buscando una cruz de madera, para cumplir con el desafío juvenil lanzado. 

Clavar un sombrero sobre ella.

Las oscuras sombras de la frígida media noche andina, propicia para que los irreverentes atrevidos.

Después de trepar las paredes del campo santo avanzan resueltos, entre los secos arbustos, de olvidadas tumbas. 

El velo de la débil luz de luna, iluminan las estrechas huellas de los perdidos caminos hacia ellas.

Las copas del fuerte licor barato ingerido energizaron las irreverentes valentías noctambulas.

Consumado el hecho, José trata de huir sin poder conseguirlo.

Sus ocultados temores de ultratumba, se hicieron presente en el coronado reto, porque sus horrorizadas imaginaciones lo llevan a sentir tirones de la esquelética mano del yacente difunto, lanzando un lastimero grito de horror en busca de una mano amiga, para que lo auxilie en ese critico momento, que su valentía fingida, huía despavorido también lejos de ahí…  

¡Ayúdenme que el maldito difunto no me deja partir!

Después de una peleada disputa con el más allá, en las oscuras sombras, un último y decidido esfuerzo logra zafar el retenido poncho.

Nunca se percató de su también clavado poncho, adherida, hallábase a la  santa cruz.

Justiciándose así, la violentada paz… del olvidado penante.

Cachupin...

Articulo de Manuel Moreno Obregon

De pronto la tranquilidad de la plaza de armas de Corongo, se ve interrumpida por los bulliciosos silbidos de "CACHUPIN" un tipo carismático, palomilla, parlanchin, lo que se le podría llamar acriollado, buscaba al grupo de amigos con los que solía reunirse siempre para hacer hora en las apacibles noches coronguinas.

Ya reunidos acordaron tomar unos cuantos vasos de gro, trago bandera de mi querido Corongo, como dicen "coronguino que no ha tomado un vaso de gro no es coronguino". El gro es un trago a base de alcohol, limón, azúcar y agua bien caliente, es muy bueno para calentar las frías noches coronguinas.

Cachupin y sus amigos se dirigieron a una de las tantas cantinas, como se les llama a los lugares que venden este trago bandera, avanzada la noche ya se notaba los efectos del gro, de pronto Cachupin se queda estático, sus tres acompañantes lo miran asustados y preocupados y uno de ellos le preguntó:

-Que te pasa she Cachupin?
A lo que este responde.
-Me ha dado hambre el gro she, yo conozco un lugar donde hay gallinas y un caldito no nos caería nada mal.
Uno de sus acompañantes captando la intención de este le dice:
-Y donde lo vamos a cocinar?
-En mi casa pues she...contesta Cachupin
Otro dice
-Donde queda el corral she?
Cachupin poniendo una cara de pícaro contesta:
-En cayarina, por el camino a caullu.

Envalentonados por el gro los cuatro se dirigen al corral ajeno, por el camino iban planificando el acto a seguir, cachupin trepa la pared y entra al corral, se da el lujo de escoger la mas gallina más grande, ayudado por la luz de la luna radiante, ubica a la víctima, chapa del cuello a la gallina para que no grite, pero el gallo viendo que le roban a su novia hace bulla con sus cacareos y aleteos despertando al dueño de casa que sale presuroso pensando que una achacoca (muca) se robaba su gallina, pero grande fue su sorpresa al ver una figura humana que no reconoció que se llevaba a su gallina.

Los otros acompañantes al oír los gritos del dueño de casa desaparecieron de escena, Cachupin asustado se da cuenta que era seguido de cerca por el dueño que carabina en mano corria tras él, ya se sentía perdido, era inminente su captura, en su desesperación salta una pared y se netió a una chacra de maíz, el due;o de la gallina no paraba de lanzar amenazas de muerte.

Cachupin muy asustado se escondio debajo de un peñasco que se ubicaba en medio de la chacra y decía:

-Ahora que hago? ... Me la juego carajo!!! y empezó a desnudarse hasta quedar tal como vino al mundo, rompió una shamanca (flor del maíz ) y se colocó como cola, saliendo en medio de alaridos, subió a la cima del peñasco gritando y danzando, el perseguidor se quedó petrificado en una sola pieza,  de susto soltó su carabina y corrió a su casa gritando: shapshico!!! (diablo) shapshico!!!, shapshico!!!, achachau!!!. muy asustado se encerró en su cuarto hasta el día siguiente, esto fue muy comentado por todo Corongo que por un tiempo caminaban con miedo al shapshico.  Así la libro Cachupin!!!

ALLAUCAN…en relatos bohemios

Unas copas de gro del espirituoso preparado nocturno a modo de brindis y comentarios de resaltantes aconteceres de la jornada diaria coronguina, es el enlace perfecto para los viejos amigos alrededor del mostrador de expendio de la bodega de la esquina de la calle grande y el puente de calicanto, iluminada con la luz de una sonora lámpara  petromax producida por la comprimida presión del aire en su depósito del combustible, escenario pueblerino ideal y que el vapor del agua en escape forzado de la tetera por los fuegos producidos en el fogón del primus a kerosene, avisa que puede hacer uso ya de sus hirvientes aguas, en la esperada nueva tanda de copas calientes para los presentes y seguir la amena tertulia iniciada por algún encendido conversador, escuchando los demás con entretenida atención la locuacidad del exponente comentarista.

Joshe Urbieta es uno de ellos, que en la noche fría  después de calentar el cuerpo con las primeras copas de gro, inicia una locuaz charla amena para los que los que junto a él disfrutan de los volátiles vapores del preparado.

El torrente sanguíneo de los  que la beben se encargara de despertar las fibras más sensibles del organismo disfrutándose en cortos sorbos las copas del licor.

Cholo fino, Michi Roldan,Virgilio Fernandez, Laly Moreno, Lisha Espinosa, Herminio Encinas, Edver Garay eran los más asiduos concurrentes a estas tradicionales reuniones nocturnas en la plenitud de la juventud como una especial manera de disfrutar la vida en la alejada ubicación andina del pueblo.

Entre ronda y ronda, Cholo fino  acriollado coterráneo se encargaba de amenizar las conversaciones iniciadas y siempre trataba de buscar a Joshe Urbieta lanzándole algún reciente acontecimiento suscitado:

-    Me he enterado que vas a cosechar Zapallo en Allaucan, le dice.
-   Atento Joshe infla el pecho y con su especial modo de su habitual hablar, contesta:
-    Si she…la cosecha esta linda porque cuando ingreso entre el plantío me pierdo en medio de la chacra
-    ¿Si she?...y ¿cómo haces para salir de ahí?
-    Tengo que sacar mi brújula para orientarme carajo..
-    ¿Sí..?
-    Imagínate que el otro día se me perdió un toro en la chacra y ¿sabes dónde lo encontré?
-    ¿Dónde?
-    Metido dentro de un zapallo  she…, así de buena esta mí cosecha.
A si me han comentado que también tienes unos buenos toros prosigue y Joshe vuelve a darle relevancia a su ganadería y le dice..
-    Mis potreros producen la mejor alfalfa de Corongo she
El otro día he bajado mis toros a la playa por los interminables zigzag del camino y he tenido problemas en las curvas
-    ¿Si she?
-    Mis toros son demasiados grandes para las curvas she no podían dar la vuelta…
-    ¿Y qué has hecho?
-    ¡Les he puesto bisagras carajo..! contesta co su habitual picardía.
Suscitando unas carcajadas eufóricas en los demás atentos participes su amenizada respuesta al criollo preguntón.
Una vez encendida la reunión también es motivo para pedir que se saquen las guitarras y mandolinas porque la bohemia noche amerita que sea musicalizada, con las emblemáticas canciones coronguinas recordando siempre como una forma de hacerlas inolvidables.
Las nuevas generaciones que quieren y disfrutan de esa vieja tradición noctambula de bohemia serrana, son las encargadas de que esta no se pierdan en el tiempo.

Hacienda "Allaucan''

Recopilado por: Samuel Nieves Reyes

En nombre del padre !!!

Como cualquier ordinario día de quehaceres las cuatro de la mañana es hora de salir de casa con la alforja en el hombro, el  fiambre aún caliente y las esperanzas puestas en que la nueva jornada de labores campestre no tenga sobresaltos.
Eleizer enrumba a Colcabamba caminando a paso firme la bajada como lo hace desde siempre, en busca de reconstruir el cerco de su chacra que las fuertes lluvias deterioraron en los últimos días y entre sus pensamientos va haciendo un inventario de los materiales que requerirá y no tenga que buscarlos porque le tomara más del día si eso sucediera.
En apurado paso va ganando las distancias que separan y alejan de la ciudad, también echa un vistazo mental a los recuerdos que siempre lleva en su intimidad cuando el inclemente tiempo de los años avanza lento pero sin pausa y que la etapas privilegiadas de juventud quedaron atrás, pues ahora son recuerdos que de tiempo en tiempo necesitan ser revisados como una forma de saber que se vivieron con intensidad perdurable.
La claridad del día lo sorprende en plena faena, pero la nubosidad reinante en el campo opaca los rayos del sol, las esporádicas lloviznas hacen prever que será un largo día nublado de esforzado trabajo.
Efectivamente los cálculos hechos de persistente labor para poder dejar lista el cerco reconstruido han demorado más de lo previsto y la tarde ya se abre paso ante la presencia de la noche.
Es momento de iniciar el ascenso por el camino de regreso a casa con la tranquilidad de haber cumplido con la tarea pendiente.
Por otro lado, la llamada telefónica recibida imprevistamente en casa con una funesta noticia sobre el fallecimiento de don Artemio en la ciudad de Chimbote, ha alterado la tarde que hasta hace poco tiempo era un tanto apacible como cualquier rutinario día normal.
En desesperados esfuerzos por hacerle llegar la urgente noticia a él,  envían a un “propio” en su busca con el infausto recado, pero que nunca llegó a su destino porque al parecer tomo atajos diferentes por la premura del tiempo. La oscuridad de la noche se hizo presente a su ingreso por las estrechas calles frías y desoladas de la ciudad.
Eleizer a paso apurado avanza en busca del calor de su hogar para disfrutar de un reparador descanso como siempre lo hace allí junto a la tullpa de la cocina, charlando amenamente con su mujer porque él es un conversador en la intimidad aunque no lo muestre fuera de ella.
A su ingreso por el zaguán escucha lamentos y llantos por parte de sus allegados en el fondo de la casa, encendiendo aceleradamente la alerta natural humana de preocupación en su ser, que rápidamente será despejada porque el golpe de la vieja puerta alerto a su esposa que a su encuentro corre para transmitirle la infausta noticia. 
- Tu hermana Lida ha llamado para decirnos que tu Papá ha muerto en Chimbote.
- ¡Noooo! ¡Mi papacito nooo!
El llanto y los lamentos de dolor dominan el hogar de Eleizer, que no resiste más su férrea serenidad y se quiebra por algunos interminables instantes, pero reacciona y pregunta si habría la posibilidad de buscar algún carro que podría hacerle una carrera hasta Huampish después del distrito de la Pampa, lugar del cruce de la carretera que viene de Sihuas con dirección hacia Chimbote para poder abordar algún vehículo que salga a la costa, a lo que su esposa le contesta que ya había hecho algunas consultas y que le querían cobrar trescientos soles por ese servicio; los alicaídos ahorros de casa no permitían poder cubrir ese costo.
El amor y respeto que cultivó para con su padre siempre fue fuerte como fuerte y vigoroso también lo fue don Artemio con sus 105 años de vida a cuesta siempre le causó admiración y era momento por parte de él de emprender una salida con dirección a la costa.
Le pide a su esposa le aliste una mochila con algunas prendas de vestir mientras él se va en busca de calzarse las botas de campaña que tiene guardados en el viejo baúl de su dormitorio, porque ha tomado la decisión de partir inmediatamente hacia el cruce de Huampish en el distrito de La Pampa, a pesar que los relojes marcan ya las ocho de la noche en Corongo.
Las luces de la ciudad van quedando atrás y la larga caminata iniciada lo traslado prontamente hasta el Mirador a la salida de la carretera y echa una mirada a las profundidades de las montañas escondidas en la oscuridad de la noche y que el horizonte traza las  siluetas de sus cumbres en la lejanía con tenebrosas y oscuras profundidades que tendrá que sortear.
Entre las quebradas profundas allí abajo resaltan las luces de los pocos faroles que alumbran a Colcabamba, una considerable distancia más allá logra ver las luces del distrito de La Pampa. 
En su cerebro traza el mapa de la imaginaria ruta a recorrer, siguiendo la carretera como única vía confiable por la tenebrosidad de la noche y sin más tiempo que perder avanza camino abajo decidido a sortear todos los obstáculos que se le presenten.
Llegado a Colcabamba decide seguir la carretera una bajada constante rumbo a Pacatqui tratando donde la orientación le era posible hacer atajos entre los zigzag de la vía para poder acortar las distancias.
De vez en cuando las luciérnagas son su compañía con sus volátiles destellos de luminosidad y las centellantes estrellas estelares le irradian energías para seguir avanzando por los verticales farallones de monolíticas estructuras pétreas de la Culebrilla que en un arduo trabajo de la gente de antaño construyo la vía carrozable entre las entrañas y peligrosos acantilados de las de las montañas de los andes para dar paso a la  prosperidad que de a pocos llegaban a los pueblos escondidos allí entre las profundidades del Perú.
A lo lejos se observa los caminos a recorrer
El rumor lejano del ruido de las aguas en su constante discurrir en las profundidades del lecho labrado por el rio Cuyuchin, que baja desde los nevados del distrito de Cuzca allá arriba en los parajes de la puna le avizoran gratificantes esperanzas del avance realizado en su marcha y que pronto estará pasando por los baños termales de Pacatqui siguiendo el trazo de la carretera y se alista a cruzar el puente de Rupaj con algo de temor, pues el estruendo causado por el caudaloso rio en época invernal es fuerte y siempre el miedo natural está presente a cada paso, que además la negrura de la noche se encarga de corolar en estos parajes solitarios.
El alumbrado de los postes que iluminan las viviendas a los bordes de la carretera le dan la bienvenida en el pequeño paraíso termal y le energizan el ánimo para seguir caminando.
Hace sus cálculos de lo avanzado y cree que han transcurrido una hora y algo más desde que partió.
En este nuevo trecho al lado de la banda del rio, al pie de las bases de las montañas en cuyas cumbres se encuentra el nevado del Champará se abre paso la carretera entre plantas de árboles frutales cercos de pencas, pequeñas plantaciones de tunas y árboles de molle por doquier vegetación propia de climas templados.
Sigue en su marcha imperturbable avanzando a paso firme bajo esporádicos cantos de aves silvestres que de repente reclaman la ausencia de la compañera que aquella oscura noche no llego al nido en lúgubres cantos perdidos entre las oscuras sombras de los silvestres plantíos.
Las luces que avizora en su lenta caminata le anuncian con anaranjados brillos la cercanía de los pequeños poblados de Llacushbamba, luego Ninabamba que en silencioso avance cruza   ante agresivos ladridos de los guardianes de las propiedades que trata de ignorar para luego encontrarse  nuevamente en la soledad de la oscuridad en medio de los áridos acantilados de la carretera, se inyecta de ánimo que a veces decae pero se le vuelve a fortalecer en su lento avance porque los plantíos que encuentra a su paso que el leve viento agita le vigorizan nuevamente sus esperanzas de fe que su forzada marcha avanza, pues está entrando a La Pampa poblado rodeado de chacras con árboles frutales, principal sustento económico de su población y que el gran compositor Luis “ñato” Acosta se encargara de perennizar en sus canciones.
La ciudad duerme y los esporádicos guardianes callejeros le echan unos ladridos de bienvenida y rechazo porque presienten que el extraño personaje nocturno que cruza su principal calle no es del lugar.
Entre sus pensamientos nuevamente hace algunos cálculos de practica ingeniería, para tomar los tiempos en cruzar la planicie antes de entrar a los vericuetos que la carretera recorre en las arridas y movidas faldas de las montañas que yacen en la falla geológica de la zona, pero que no lo atemorizan al guerrero de mil andares porque sabe que lo acercan al deseado encuentro del cruce de la carretera que baja de Sihuas en Huampish, el lugar fijado desde su partida para encontrar el vehículo que lo transporte hacia Chimbote.
La noche avanza también en su lento caminar celestial y después de un tiempo no tomado en cuenta se encuentra en el lugar deseado y se alista a tomar un reparador descanso al borde de la carretera en una piedra que le sirve de cómodo sillón para esperar algún vehículo que recorren desde Yanac en una constante bajada hacia la costa o el callejón de Huaylas.
Los faros de luces que busca en el oscuro horizonte allí arriba en las faldas de las inmensas moles de los andes por donde la carretera se pierde al borde del cielo estrellado, le hacen perder las esperanzas de encontrar lo que tanto ansia ver y decide dejar su cómodo reposo y emprende nuevamente la marcha siguiendo la carretera en curso, ahora hacia el cruce de Huarochiri en el rio Santa con la fe que aún no está perdida, de que algún vehículo bajara en algún momento de la larga noche por esa vía.
Muestra una vez más su valentía que siempre lo acompaña para no acobardarse con la peligrosa travesía que emprenderá en su  caminar carretera abajo, porque esta parte de la vía sigue estrechas sendas trazadas en las faldas de las montañas cuyos antecedentes prehistóricos fueron fondos marinos elevados hacen millones de años por las fuerzas tectónicas formando las paredes de un callejón de inmensos acantilados que el rio Cuyuchin recorre allí abajo en su cauce perdido en virginales profundidades, tan tenebrosas como la noche misma pero que son los trazos que la naturaleza le fijó para luego entregar sus aguas al rio Santa a las alturas de la antigua estación del Chorro en la vía férrea que en un tiempo pretérito existió.
El dolor que constantemente le recuerda que su padre yace en una capilla ardiente es más fuerte que todos los obstáculos que se le presente y estos no lo harán desistir para su porfiado andar siga transitando por la vía, sin perder la esperanza de que llegará en algún momento alguien que le dé una mano en su interminable viaje nocturno.
La pestilencia nauseabunda que algún Zorrillo desperdigo en sus putrefactos orines como advertencia al paso del extraño por sus dominios, le recuerdan que avanza por estos inhóspitos parajes.
Un lejano rumor del discurrir del caudaloso rio Santa que le llegan a los oídos traídos por los esporádicos vientos allí arriba, detiene sus pasos en la oscura noche para evaluar el lugar donde se encuentra ya y logra ubicarse  al  divisar en las faldas de las montañas de la cordillera negra que las alturas de sus siluetas se pierden con las luminosas estrellas frente a él, perdidos poblados  iluminados en distancias lejanas, como lejanas aún están sus pasos de su yaciente padre.
Busca un lugar al borde de la carretera para observar desde una mejor ubicación y se da con la sorpresa que allí abajo en las profundidades del cauce del rio Santa encuentra las contadas luces del alumbrado público del pequeño poblado de paso de Huarochiri donde nace la bifurcación de la vía que recorre y se une a la carretera que baja del Callejón de Huaylas. 
Hace nuevamente los cálculos topográficos del vertical y profundo terreno que las sombras de la noche esconde y que la carretera recorre en largos en interminables zigzag, pero que no le atemorizaran para seguir avanzando carretera abajo caminando cada una de las curvas y recodos porque no hay otra manera llegar a donde las ultimas luces de la larga noche alumbran aun el pequeño poblado con la ya casi perdida esperanza de encontrar el vehículo que nunca llega, pero que resiste a perder la fe de verlo aparecer en algún momento para abordarlo la ya interminable noche de indesmayable andar.
La oscura y casi interminable noche ha detenido el tiempo para él y en un último aliento siente que se acerca ya, a las caudalosas aguas del rio Santa y en el explanada final de la bajada divisa las estructuras del gran puente que lo cruza, su corazón palpita aceleradamente porque sabe que en Huarochiri es el lugar con mayor probabilidad de tomar algún vehículo que lo transporte hasta Chimbote.
Nuevamente los ladridos de los perros le dan la bienvenida a este pequeño poblado de esporádico alumbrado y va en busca del iluminado puesto de frutas junto a la carretera y tratar de buscar un lugar para descansar junto a un vendedor de frutas, que sabido es en este poblado que nunca cesan de exponer sus productos para poder negociarlos al paso de los vehículos como único sustento económico viable.
Apenas en la parte baja se aprecia el poblado de "Huarochiri"
Después de adquirirle algunas naranjas para aplacar la sed le pregunta la hora y si pueda darle alguna información de los vehículos de pasajeros que a esas horas, las rutas recorren además de comentarle que ha llegado hasta allí en busca de algún transporte que lo traslade hacia Chimbote.
- Son algo más de la una de la mañana le dice
Eleizer sorprendido murmura con las pocas fuerzas que en pie lo mantienen
- La una de la mañana..
Y en un rápido análisis mental saca su cuenta que todo lo recorrido lo ha caminado en algo más que en cinco horas, decide comentarle que viene a pie desde Corongo en busca de abordar algún vehículo y que su destino final es Chimbote.
El incrédulo vendedor despierta en curiosidad porque nunca antes escucho un relato de una aventura similar y presiente que puede estar ante alguien que huye de su pueblo por algún fortuito motivo y vuelve a preguntar:
- Debe de haber algún motivo fuerte para tremenda caminata le dice…
- Si amigo… Mi viejito ha fallecido en Chimbote y en Corongo no hay vehículo de transporte disponible, hasta en un par de días y ese es la causa de que me encuentre aquí; le contesta.
- A ya, es un motivo más que suficiente para tremenda aventura le dice. Dándole los pésames de dolor que gente provinciana siempre muestra solidariamente aun sin conocer.
Después de un indefinido tiempo de espera, logra divisar entre las curvas y zigzag las luces de un vehículo desconocido que iluminan las oscuras montañas que él valientemente recorrió. El calvario iniciado para él, desde la infausta noticia que recibió lo acerca más al final de su destino.
Allí junto a la capilla ardiente donde yacen los restos de don Artemio Pérez fallecido a la edad de 105 años, marcó un inmenso respeto y admiración motivo por el cual fue capaz de emprender la extensa caminata sin importar las distancias a recorrer con tal de ser partícipe del velatorio de su señor Padre y como no darle también el último adiós acompañándolo hacia su última morada. Q.E.P.D don Artemio Perez!!!
Eleizer Perez (Izquierda) con Samuel Nieves en Corongo


Articulo: Samuel Nieves (Contado por Eleizer Perez) 

Una de Pancho Albornoz...


Articulo: Samuel Nieves Reyes

En las ocasionales reuniones familiares que se organizan para celebrar al acontecimiento de algún aniversario en especial, las amistades con algunos allegados se van tejiendo con más profundidad, relación que con el tiempo estas terminan en algún compadrazgo o acercamiento familiar.

Rafael Fernández ante las cercanías de las cosechas tenía planeado volver a Corongo y al enterarse de ese viaje su compadre espiritual Jorge le comenta que sería de mucho agrado para el conocer la tierra que con tanto cariño rememoraba Rafa y le hace saber que justo tenia quince días disponibles de sus vacaciones anuales en su centro de labores y en vista del entusiasmado empeño mostrado por el compadre parten de Lima el día señalado para el viaje con dirección a Corongo.

Después de un tedioso viaje  hacen su arribo al terruño y el  atardecer frígido del clima serrano les da una “calurosa”  bienvenida y para contrarrestar este cambio “climático” sufrido por los llegados salen de casa en busca de una “tienda” para saborear unas copas de gro, bebida emblemática de las noches coronguinas y en el trayecto encuentran a Pancho Albornoz que luego de los saludos respectivos se une a ellos por la no despreciable propuesta de brindar solo “una copita de gro she…  para el frio” y van en busca de Juanito Olivera más conocido como Rampuchcu, para que les prepare  una tanda de la vaporizante bebida.

La vuelta de algún paisano a la tierra siempre es motivo de una amena tertulia en algún rincón coronguino, que el embriagante licor se encarga de amenizar y lentamente de encender nostalgias del llegado y averiguaciones de novedades del venido de lejanas tierras por parte del que tiene residencia establecida en el pueblo.

Las repetitivas rondas del delicioso preparado tras el mostrador de la tienda que el ocasional visitante saborea con agradable complacencia, hacen que vayan poco a poco perdiendo la noción del tiempo y de conciencia mientras la fría noche se va tragando las horas hasta que esta sea ya el comienzo de un nuevo día, motivo por la cual Rampuchcu los invite a emprender la retirada por lo “tarde de la noche she”  que Rafa no quiere entender y encarga que le prepare la “última she y nos vamos”… pero que el improvisado “barman” se niega en complacer.

En vista que no hay “entendimiento comercial” piden una botella de anisado para seguir con la improvisada juerga en casa de Pancho Albornoz y emprenden la retirada por las oscuras calles en busca del domicilio con el visitante ya caminando más por inercia que conciencia de orientación.
Pancho abre su taller de carpintería y se instalan en improvisados bancos y comienzan a libar el anisado siempre en conversaciones a veces incoherentes y repetitivas viejas anécdotas vividas por la embriagues que llevan hasta que Rafa en inconsciente arranque de sigilosa huida de la ya saturada reunión, emprende el camino en dirección a su domicilio en busca de su abrigada alcoba, dejando a su compadre Jorge que dormitaba ya en el taller de Pancho Albornoz y que este, sin deseos más de seguir libando solo la restante botella de licor y en vista que el visitante se encontraba totalmente ebrio sin fuerzas por valerse por sí mismo lo traslada a su depósito de materiales y productos acabados de su taller de carpintería y le  improvisa una cama para que siga descansando retirándose a su dormitorio, dejando al compadre de Rafa profundamente dormido.

La llegada de la una espléndida mañana con traslucidos rayos de sol que se filtran por las rendijas de la ventana despiertan al improvisado huésped con una preocupante desorientación por los rezagos de la abundante ingesta de licor, pero que prontamente se convierten en una lucidez aterradora para él y que un salto de la tarima va en busca de la puerta del improvisado dormitorio en medio de cajas de muerto y capillos ardientes que Pancho almacena allí y que es parte de su artesanal negocio.

Fuerza violentamente la vieja puerta y logra salir y comienza una despavorida huida en busca de la casa de Rafa, quien justamente también salía en busca del  compadre  “perdido en combate”, logrando divisarlo con apurados pasos se acercaba a él por la estrecha calle de su casa y la mirada desencajada de este le preocupa e quiere iniciar con un cordial saludo un dialogo amigable pero es callado con gritos destemplados de reclamos por la siniestra broma jugada.


- Si Ud. Cree que es una buena broma la que me ha hecho esta Ud. bien equivocado carajo! ¡Quiero recoger mi maleta de su casa!
Los rezagos de la embriaguez todavía estaban presentes en el organismo de Rafa que sorprendido pregunta:
- ¿Qué broma compadre?
- ¿Qué todavía se hace Ud. el cojudo?
- Compadre me está faltando el respeto Ud.
- Ud. me ha faltado a mi carajo y pienso retirarme hoy mismo, me voy a Lima

Sin entender nada aun Rafa le pide le explique lo sucedido a lo que le responde:

Ud. Y su amigo se han puesto de acuerdo para hacerme dormir entre las cajas de los muertos y todavía se hace el que cojudo!!!…

Pensativo Rafa trata de hilvanar alguna explicación para poder entender el iracundo proceder de su compadre, trata de recordar los últimos momentos de la larga noche de licor y busca darle una explicación convincente de inocencia ante hechos en que no estuvo presente.

El carácter duro del compadre dificulta la  entrada en razón y decide en ir en busca de Pancho Albornoz para hallar una explicación a lo inexplicable para él.

- She lo único que recuerdo es que lo he hecho dormir en mi deposito a tu compadre cuando tú te fuiste a orinar  y desapareciste en la madrugada…
- ¿Y en tu depósito hay cajas de muertos?
- Si…y también los arreglos mortuorios que alquilo…
- Ah.. carajo y el cree que lo hemos hecho dormir a propósito ahí…

Nunca quiso entender que fue un buen acto de solidaridad etílica buscándole un apacible descanso para la noche fría coronguina y tomo el primer vehículo de regreso a Lima al día siguiente….

Don Manuel Armijo

Articulo enviado por Samuel Nieves Reyes

Una de las tradiciones provincianas del Perú profundo enraizada como actos de devoción por los coterráneos residentes en las grandes urbes, es la vuelta anual que muchos de ellos hacen como un acto de devoción y fe al santo patrón de su ciudad de nacimiento, que no puede ser pasado por alto, más si van logrando el bienestar económico a punta de sacrificados esfuerzos muchas veces privándose de vanidades que la vida le da a muchos otros paisanos.

La llegada de junio mes de festividades patronales anuales en honor al patrón San Pedro en Corongo es motivo de preparativos anticipados para emprender el retorno, para ser partícipes de los ocho días de jolgorio popular que estas significan muchas veces con invitados foráneos que acompañan a las familias coronguinas animados por la trascendencia que la tradición folclórica de la tierra de las pallas despierta en muchos acriollados visitantes.

Una de las bodegas o tiendas que sobresalen por lo surtido de los productos que expenden en su bien organizado local ubicado en la esquina de la plaza de armas junto a la iglesia es la de don Manuel Armijo tratado cariñosamente como don Manungo, de personalidad respetable con impecable mandil blanco a la cintura y lápiz sujeto en una de sus orejas está listo a atender los requerimientos solicitados por la clientela.
Don Manuel Armijo de pie en el centro

La llegada de las fiestas de junio, el ajetreo en la tienda de don Manungo se ha incrementado notablemente en el expendio de licores principalmente finos por parte de presuntuosos visitantes para hacer algún brindis con los conocidos que se le crucen cuando disfrute junto a su pareja de una alegre tonada interpretada por los tradicionales chirocos coronguinos.

El colorido jolgorio popular en plenitud de la mañana que el radiante sol veraniego da a eufóricos visitantes, despierta en un vivaracho forastero inquietudes de lanzar algún inusual pedido de atención de don Manungo como una forma de demostrar a sus acompañantes que le rodean allí, junto al mostrador de despacho de licores en el fondo de la tienda su acriollado requerimiento.

- ¿Cuánto cuesta la botella de cerveza helada?
- Cinco soles..
- ¿y sin helar?
- Ocho soles…responde don Manongo
- ¿Cómo que la sin helar cuesta más que la helada? Replica el visitante
- Si señor así es...porque para que esté fresca tengo que poner agua a calentar para subirle de temperatura y eso incrementa el costo final… contestó con su acostumbrada tartamudez que lo acompañaba siempre.

Respuesta que despertó las risotadas de los que lo acompañaban y a él le quito los bríos de burlador, por la vergüenza pasada.

(Es una recopilación contada por Gilbert Collazos Garay)

Delirios de boxeo...




Anecdota  recopilada por Samuel Nieves Reyes, contada por Carmen Rosa Díaz Vargas.
Las labores rutinarias en los pueblos escondidos en los extravíos de los andes peruanos transcurren en ocupaciones en la agricultura o de la crianza del ganado de muchos los que los habitan y también con otros más que representan a los intereses del estado en ellas más aún si son las capitales de provincias, dándoles a estas un status de cierta importancia comercial, cultural o deportiva en la región donde esta se asiente. 


Corongo pujante ciudad y capital provincial está incluida también en una rutina de labor semanal tranquila y apaciguada, cambiando radicalmente esta con la llegada del día domingo que se ve ajetreada por la irrupción de muchos pobladores de caseríos y distritos aledaño con sus productos producidos en sus tierras para ser comercializados en el mercado municipal.


En este día se descuelgan de los viejos percheros las vestimentas que solo se usan como un dominguero atavío a modo de lucida vanidad provinciana tratando de no estropearlo porque tal vez es el único que se tenga para lucir por la carencia económica que se vive. 


La mañana comienza con un despliegue generoso de comerciantes que exhiben sus productos en improvisado puesto abiertos por único día semanal del mercado, encontrando a vendedores de Ñahuin ofertando las riquísimas papas nativas como la retama, los quesos de Aco o Cuzca, las riquísimas frutas producidas en las tierras de La Pampa que llegan en las chipas forradas con hojas de plátanos para que no se caigan durante el trayecto, los ajíes y tomates de Yupan o Bambas, los huevos de gallina criadas en las chacras de Aticara o también algún vendedor de algún cerdo coronguino criado y alimentado con la cebada producida en la huapacas del Callahuaca  y como corolario a todo esto la llegada al atardecer sabatino de la chimbotana que trae el pescado seco o el bonito fresco u algún otro producto costeño para satisfacer los antojados paladares de extrañados platos marinos embalados en los balay de jengibre para su transporte en el tren y luego en el ómnibus coronguino.


Las bancas de la plaza de armas están ocupadas ya, por la reunión de los amigos que se juntan para charlar, comentar o confraternizar con viejas amistades que de repente se dejaron de ver por algún tiempo y dará motivo para buscar el acostumbrado local comercial preferido para “rociar” la reunión con unas cervezas Pilsen Callao   esto será el inicio de una interminable rueda de vasos que deben de terminar   secos y volteado tal como lo resalta el viejo afiche de cartón brilloso a modo de decoración y propaganda en la pared de la tienda de don Patrocinio Trevejo.


Las horas de la amena reunión avanzan indefectiblemente con inusitada rapidez en una tarde dominguera y las sombras de la noche llegan ya sin ningún aviso. Teodocio Ingar “Piuchi” en una reacción instintiva se levanta y aleja del lugar avanzando lentamente cual guerrero en retirada buscando sus cuarteles de invierno para su descanso absoluto. Llega a la puerta de su vivienda y la abre más por instinto que por acción premeditada dado el estado etílico en que se encuentra e ingresa a sus aposentos en busca de su dormitorio en una total oscuridad sintiendo que alguien lo retiene delante de él antes de llegar a ella y en forma instintiva le lanza un empujón acompañando algunas palabras soeces para atarantar al intruso que su camino interfiere y se pone en guardia con los puños listos para contraatacar del anónimo contrincante recibiendo como vuelto a su provocación un fuerte golpe de empujón que lo envía de espaldas a la “lona” por su débil estabilidad etílica y al querer levantarse siente en la cara se le va llenando de sangre y dentro de su delirante embriaguez cree que ha sido herido traicioneramente y lanza gritos de auxilio que es escuchado por sus familiares que se encontraban descansando ya y corren en su ayuda encendiendo el foco de luz eléctrica que emite una débil luminosidad por la baja potencia de la planta eléctrica que ilumina las noches coronguinas encontrando a Piuchi tirado con la cara manchada de sangre pidiendo que llamen a la policía para que detengan al agresor antes de que huya.


El inerte cuerpo de la res de reciente sacrificio yacía colgada de la viga de la casa para su conservación tradición que con el tiempo perdura en las costumbres alto andinas y fue la culpable del anecdótico trance suscitado que la ley universal de la gravedad se encargó de provocar.


Las horas de la noche en la apacible comodidad de la cama harán que se esfumen todo recuerdo del fortuito encuentro que al día siguiente los familiares comentaran como un hecho anecdótico que celebrar por las etílicas ocurrencias vividas al final de un rociado domingo coronguino.